Karina Vagradova

Strange November

La visión es discontinua (…) Estos elementos (…), conducidos de nuevo a su estado de pureza ininteligible y solitaria, se vuelven capaces de todas las “perversiones” (…) Se pasa aquí de la simple vecindad a la fusión más íntima, a la transubstanciación (…) para dar origen a los “grandes viajes”

                                                          Paul Nougé

CARTOGRAFIA ÍNTIMA: APROXIMACION POÉTICA DE LA REALIDAD

Karina Vagradova (Moscú, Rusia) nos deletrea un sutil idioma. Enigmático, misterioso, cargado de sensualidad y sin embargo frenéticamente real. No hay intención de imitar la realidad, ni de recrear fielmente la naturaleza, sino atraer a nuestro entorno y desde las propias raíces íntimas, sus invocaciones de tono espiritual, construidas a partir de sutiles y tenues estructuras que se acuñan en su interior. Líneas, figuras, elementos propios de un jardín o emblemáticos hiatos de silencio recorren sus obras; poéticas composiciones en pos de una imaginería de apariencia abstracta pero de profunda raíz académica que se delata en el sabio manejo de la técnica enfatizando el acto creativo. Efectivamente, sus composiciones, realizadas con técnica mixta: acrílicos, barnices, transferencias fotográficas, collages, suponen el manejo de habilidades y de herramientas que convierten en alaridos sus sigilosas proezas pictóricas. No obstante, Vagradova presenta su obra de una manera individual, donde revela mediante un particular corte simbólico e informal su naturaleza tan personal e intimista. Desbordante de sensibilidad, su pintura capta con garra hipnótica la atención del espectador, le atrapa con la fuerte carga subjetiva proyectada desde la esencia de su arte.

Sin embargo, los signos y símbolos que aparecen en las pinturas de Karina Vagradova, nos permiten ir mucho más allá de lo que le admitirían las palabras en su aproximación a los aspectos más sensuales y místicos de la vida. La pintura actúa como un lenguaje verbal que descifra los estados más íntimos del pensamiento y del alma, a través de las superficies visuales y táctiles: ásperas, mates o satinadas; las imágenes-símbolos, arabescos y estampados, que remiten a historias y vivencias guardadas. En este sentido, mientras que con Crazy May describe un estado interior inherente al punto culminante de la primavera; en Strange November descubrimos un otoño oculto y extraño, un otoño lleno de flores y líquenes, un otoño que transcurre en la piel de una ciudad. Composiciones dominadas, en su mayoría, por un intenso cromatismo, cuyo fin es situar al espectador directamente dentro de este mundo subjetivo, afirmar con fuerza su realidad, crear la sensación de su presencia inmediata, a su vez resaltan su relación con los fenómenos de la naturaleza.

Así, con su abrumadora sinceridad, hasta en lo trivial y lo cotidiano trata por igual desde los estampados florales hasta las imágenes extraídas ahora de la metrópoli, convirtiéndolos en símbolos de su cartografía. Bajo esta aparente “diferenciación” y “fragmentación” de la realidad adquiere menos relevancia la sofisticación de la técnica y la elocuencia de cada una de las imágenes, es entonces cuando actúa el conjunto en su totalidad.

Las configuraciones aparentemente fortuitas de las superficies cubiertas de motivos repetitivos que semejan hojas, flores, troncos de árboles, formas arquitectónicas, letras o signos, en realidad, están cuidadosamente meditadas para crear composiciones fluidas, entrelazar diferentes planos pero también para mostrarle al espectador un ideario personal de valores éticos y estéticos de la artista.

Sus cuadros tienen la intención de ser interactivos con el entorno, a veces con unas estructuras internas que ella enfoca como escenarios, o decorados, con una connotación de “espacio creativo abierto”, donde el mensaje no es explícito y el acto creador lo tiene que completar el propio espectador y su imaginación.

En consecuencia, al recorrer detenidamente las obras de Vagradova, vislumbramos como hay en sus cuadros un acto intelectual de la concienciación, una claridad desbordante y rabiosa. Ella no miente; retrata el corazón y el oxigeno de su propia vida en sus obras, nos habla de lo eterno y lo cotidiano, del tiempo y del vacío, de la música y del silencio, del misterio de la naturaleza; nos habla de la libertad y de la expresión sin censuras, sin complejos, ni límites. Nos sitúa ante el ritual del acto creativo como estética de la comunicación, el acto fundado en la estrecha relación entre la idea y el proceso, entre la imaginación y la realización. En este sentido, su obra es el resultado de una profunda y vigorosa investigación sobre el firmamento subjetivo, fantástico y emocional de la vida. A través de una visión sumamente personal, Vagradova recrea la leyenda nórdica de la Mujer-Pájaro, como metáfora de la búsqueda de la verdad y de la belleza interior, como homenaje a la magia y a la poesía. A esta idea contribuye la incorporación obsesiva de infinidad de flores a la manera de lo que la excéntrica Yajoi Kusama denomina Obsessional Art, ampliando nuestro horizonte perceptivo mediante un cuidado tratamiento de texturas, que otorgan a su obra un fuerte aspecto enigmático. “Cuando la realidad se presenta como un arabesco, un estampado, cuando forma una mancha que se tiñe de color intenso y profundo, fluye y gotea; cuando avanza con ritmos y repeticiones o se esconde detrás de un velo, es el motivo para mi cuadro”.

A menudo emergen figuras apenas bosquejadas de ramas y hojas, evocadoras de Georgia O´Keeffe o de arte oriental como emblemas de una poética naturalista y a la vez soñadora, mientras en otras, como en un sueño, aparece la urbe, y descubrimos una ciudad fragmentada, imaginaria, casi ficticia, a pesar de ser perfectamente real y técnicamente fotográfica. A través de un complejo manejo de significados duales compuestos por la urbe y la naturaleza, la artista fuerza al espectador a volver a un estado de reflexión personal y a concentrarse en la totalidad de su obra, más que en un solo elemento. Mostrándonos una doble mirada, profunda y esencial en cuanto a la condición humana y su cartografía íntima.

Rosa Ulpiano